“Pumpkin spice”: El sabor que domina el mercado

“Pumpkin spice”: El sabor que domina el mercado

Por Nora Cifuentes

Mucho antes de que los árboles desprendan sus primeras hojas doradas y la brisa fresca anuncie el final del verano boreal, una fragancia cálida e inconfundible se apodera del entorno comercial: canela, nuez moscada, jengibre, clavo y pimienta dulce. Esta sinfonía aromática, articulada alrededor del sabor a tarta de calabaza, encarna el fenómeno del pumpkin spice, una receta que trascendió su origen en las cafeterías para convertirse en el auténtico motor de la temporada otoñal. Lo que a principios del siglo XXI comenzó como un experimento audaz en un laboratorio de bebidas estadounidense es hoy una colosal maquinaria económica que supera los 1.100 millones de dólares anuales en el mercado internacional, redefiniendo las pautas de consumo, el mercadeo estacional y la psicología del comprador contemporáneo.

La alquimia en Seattle: El nacimiento de una fórmula icónica

Para comprender la magnitud de este imperio es indispensable remontarse a la primavera de 2003, en la sede central de Starbucks en Seattle, Washington. La compañía buscaba un producto emblemático capaz de dinamizar el consumo durante la transición entre el verano y el invierno. Con esa meta, el equipo de desarrollo de café, liderado por el director de producto Peter Dukes —más tarde considerado en la cultura interna como el artífice del Pumpkin Spice Latte (PSL)—, se instaló en su centro de innovación experimental, el conocido Liquid Lab.

Según documentó la publicación Business Insider, los investigadores evaluaron cerca de un centenar de alternativas. Aunque lo convencional sugería apostar por ingredientes seguros como el chocolate, el caramelo o la vainilla, el equipo decidió explorar una vía inédita: trasladar el perfil de sabor de la tradicional tarta casera de calabaza a una taza humeante de café espresso con leche. La fase de ensayo tuvo un carácter casi artesanal, con los propios desarrolladores vertiendo café concentrado directamente sobre porciones de tarta para calibrar la interacción de los aromas, las especias y las notas dulces en el paladar.

Pese a que los sondeos iniciales mostraban cierta reticencia entre los consumidores ante una combinación tan inusual, la empresa confió en la originalidad de la propuesta. En el otoño de 2003 se ejecutó un lanzamiento piloto en establecimientos seleccionados de Washington D.C., donde el producto pulverizó cualquier pronóstico previo de ventas. El éxito arrollador condujo a su distribución nacional en Estados Unidos en 2004, iniciando un reinado comercial que ya supera las dos décadas. Curiosamente, durante sus primeros doce años de vida la mezcla no contenía calabaza real, sino un jarabe especiado; no fue hasta 2015 cuando la cadena incorporó puré auténtico de calabaza a la receta.

Un negocio multimillonario que redefine el comercio minorista

Aquella invención de cafetería se ha transformado en un gigante financiero indiscutible. Según estimaciones del sector difundidas por The Food Institute, el negocio global de los productos asociados al pumpkin spice ya sobrepasa los 1.100 millones de dólares y se encamina hacia los 2.400 millones en la próxima década. Tan solo dentro de Starbucks, los analistas estiman que la venta estacional de esta bebida genera ingresos cercanos a los 110 millones de dólares durante los meses otoñales.

La respuesta del público contagió de inmediato a la competencia. Cadenas estadounidenses de gran escala como Dunkin’, Krispy Kreme, McDonald’s y Peet’s Coffee diseñaron rápidamente sus propias versiones especiadas. Al mismo tiempo, el comercio minorista trasladó esta fórmula a una infinidad de categorías cotidianas: cereales de desayuno de Kellogg’s, yogures de Chobani, galletas Oreo, cervezas artesanales y aperitivos empaquetados. La fascinación cruzó incluso las fronteras de la alimentación, plasmándose en ambientadores domésticos, velas aromáticas, jabones e insólitas ediciones de bolsas de basura perfumadas.

El mercado vinculado al sabor de tarta de calabaza superará los 2.400 millones de dólares en la próxima década gracias a su expansión comercial.

Esta demanda constante ha generado lo que la firma financiera LendingTree denomina el «impuesto de la calabaza», al constatar que las presentaciones aromatizadas con estas especias presentan un sobrecoste medio de entre un 7,4 % y un 8,4 % frente a sus equivalentes convencionales en supermercados y cafeterías.

Neuromarketing, nostalgia y la fórmula de la escasez

El triunfo arrollador de esta combinación elemental de especias descansa sobre resortes psicológicos meticulosamente activados. El primer factor determinante es la exclusividad temporal y el temor a quedarse al margen de la experiencia compartida, conocido en el ámbito comercial como FOMO (fear of missing out). De acuerdo con análisis recogidos por Forbes, la disponibilidad limitada de estos lanzamientos concentra cerca del 70 % de las ventas anuales de la categoría en una reducida ventana de tres meses, entre septiembre y noviembre.

A esta urgencia artificial se suma la neurobiología del olfato. Los aromas de canela, clavo y nuez moscada impactan de forma directa en el sistema límbico, la región cerebral asociada con las emociones y la memoria autobiográfica. Para el imaginario colectivo, estas notas cálidas evocan momentos de confort hogareño, la reunión familiar del Día de Acción de Gracias, las festividades de Halloween o el crujir de las hojas secas. En la era digital, pasear con un vaso de esta infusión trasciende el mero consumo: se ha consolidado como un distintivo estético y una declaración de pertenencia estacional en redes sociales.

La batalla por el calendario y la mística de la temporada

En los últimos años, las marcas han protagonizado una carrera deliberada por anticipar sus catálogos otoñales, una táctica conocida en la mercadotecnia como seasonal creep o desplazamiento de temporada. Mientras que en 2003 el lanzamiento ocurría entre finales de septiembre y principios de octubre, Starbucks ha llegado a fijar su estreno a finales de agosto. Los datos de afluencia citados por The Brand Leader demuestran que la jornada inaugural del menú otoñal desata picos inmediatos de visitas, fortaleciendo sustancialmente las cuentas trimestrales.

Creado en 2003 tras meses de ensayos en Seattle, el Pumpkin Spice Latte de Starbucks abrió un mercado millonario que hoy concentra cerca del 70 % de sus ventas anuales en una estricta ventana de tres meses. Foto: Sergei Bezborodov (Pexels).

SIGUE LEYENDO