El SUV grande que no pide disculpas
Por Luis Eduardo Barón
El Yukon Denali Ultimate no entra a Sarasota: la ocupa. La primera mañana lo llevé por la US-41 con el sol bajo pegando contra el cofre blanco perlado, y el tráfico de semáforo en semáforo lo hizo parecer más yate que camioneta. No por flojo, sino por escala.
Cuando la vía se abre hacia la I-75, el Yukon cambia de carácter. El V8 respira hondo, la caja baja dos marchas sin drama y el conjunto avanza con esa autoridad silenciosa que solo da la cilindrada. Es una sensación casi preeléctrica. No es moderno en el sentido silencioso de la palabra; es moderno porque logra que algo enorme no se sienta torpe la mayor parte del tiempo.
Esta versión Denali Ultimate 4WD, que tuve la oportunidad de probar, existe para llevar al Yukon al punto más alto de su historia reciente. La generación anterior ya había corregido una crítica clásica del modelo: la tercera fila dejó de ser castigo familiar gracias a la suspensión trasera independiente. El modelo 2026 empuja hacia el lujo tecnológico, con una cabina más digital y más asistencia al conductor. Esta unidad, con Glacier White Tricoat, paquete de segunda fila ejecutiva, Night Vision y equipo de remolque avanzado, llega a $113,785. A ese nivel, cada botón debe sentirse caro. Casi todos lo hacen.

La cabina es lo mejor del vehículo. Las puertas cierran con un golpe denso, sin vibración metálica. El cuero de grano completo tiene textura real, no esa superficie plastificada que intenta pasar por lujo en SUVs grandes. Los asientos delanteros, con 16 ajustes, calefacción, ventilación y masaje, permiten manejar dos horas por la I-275 y cruzar el Sunshine Skyway con viento lateral sin llegar tenso al otro lado. La segunda fila ejecutiva convierte la parte trasera en el verdadero asiento principal. El detalle que decepciona llega desde abajo: los rines de 24 pulgadas se ven espectaculares, pero obligan a la suspensión a trabajar horas extra sobre el pavimento roto cerca de Venice. No golpea seco, pero el ruido de rodadura se cuela.
El 6.2L V8 EcoTec3 es el motor correcto para este Yukon, no por eficiente sino porque mueve la masa con naturalidad. La potencia llega sin histeria, el torque aparece temprano y evita que la transmisión de 10 velocidades esté cazando cambios en ciudad. En la autopista, a velocidad de crucero, la décima marcha cae y el motor se aquieta. La suspensión Magnetic Ride Control controla el rebote después de un bache sin el floteo típico de camioneta vieja; combinada con la suspensión neumática, mantiene el Yukon nivelado con carga o remolque. Bajo lluvia fuerte, el diferencial electrónico de deslizamiento limitado corrige sin brusquedad, como debe ser.
La dirección es ligera a baja velocidad, necesaria para estacionar algo de este tamaño en St. Armands Circle, que no es tarea fácil. A velocidad alta gana peso, aunque nunca transmite demasiada textura del camino. Los frenos cumplen, pero la primera parte del pedal es más blanda de lo ideal; en una frenada fuerte desde autopista, el peso del conjunto se hace presente.
La pantalla central de 16.8 pulgadas se lee bien con el sol directo de Florida, y el sistema con Google integrado responde con rapidez razonable. CarPlay inalámbrico conecta sin rituales. El Head-Up Display de 15 pulgadas es excelente: velocidad, navegación y asistencia aparecen donde deben, sin obligar a bajar la vista.
Super Cruise es el argumento tecnológico más fuerte. En la Interestatal, mantiene carril y distancia con una calma que reduce la fatiga de verdad. En lluvia intensa cerca de Bradenton se vuelve más conservador y pide manos con más frecuencia, que es exactamente lo que debe hacer. Las alertas de tráfico cruzado, frenado trasero automático y visión 360 ayudan en estacionamientos, donde el Yukon necesita toda la diplomacia electrónica posible.
El consumo oficial es 16 mpg combinado. En uso real por Sarasota, con aire acondicionado constante y algo de tráfico urbano, es optimista pero alcanzable con calma. El costo anual de combustible ronda los $3,900, y eso define al vehículo tanto como el cuero o el V8. Este no es un SUV para quien pregunta cuánto cuesta llenar el tanque.
Para el comprador práctico el Yukon: tiene sentido si necesita espacio real, remolque, lujo y carretera larga. Si solo busca imagen, está comprando demasiado metal. Para el mercado en general, este Yukon dice que el SUV grande tradicional no está muerto. Solo se volvió más caro y más consciente de que debe justificar cada galón.