Ford Ranger Lariat 2026

La pickup mediana que aprendió a comportarse

Por Luis Eduardo Barón

La Ranger Lariat 2026 se entiende mejor en una calle estrecha que en una foto de catálogo. La saqué temprano por 41, con el tráfico todavía medio dormido y los repartidores ocupando carriles como si fueran herencia familiar. Ahí, entre semáforos cortos y giros apretados, la camioneta no se siente pequeña, pero sí bien medida. No intimida. No exige planear cada maniobra con días de anticipación.

El color Avalanche ayuda a esa primera impresión: limpia las líneas, baja visualmente la altura y deja que el paquete Black Appearance haga su trabajo sin convertirla en disfraz táctico. Es una pickup mediana con presencia, no una caricatura de dureza. Cuando la llevé hacia la I-75, el 2.7 EcoBoost empezó a explicar por qué esta configuración tiene más sentido que muchas versiones cargadas de accesorios y pobres de motor.

Esta unidad es una Ford Ranger SuperCrew 4×4 Lariat 2026, distancia entre ejes de 128 pulgadas, motor 2.7 litros EcoBoost, automática de 10 velocidades, interior Ebony con asientos ActiveX, paquete FX4 Off-Road, diferencial trasero bloqueable, paquete de remolque avanzado, cámara 360 y precio total de $56,605. El consumo oficial es 20 mpg combinado.

La generación actual de Ranger corrigió una crítica vieja: antes se sentía angosta y algo áspera en carretera. Ahora pisa con más aplomo. La cabina ya no parece una herramienta con pantalla pegada al final del proyecto; está diseñada alrededor del uso diario. La dirección todavía no comunica tanto como debería en una camioneta que presume capacidad, pero el salto respecto a la generación anterior es real.

Por dentro, la Lariat tiene una mezcla interesante: más civilizada que ruda, sin perder del todo la lógica de pickup. Los asientos ActiveX no son cuero; son un sintético fácil de limpiar, pensado para humedad, arena y uso real. En Florida eso importa. Después de subir con zapatos mojados en Bradenton Beach y apoyar una mochila con restos de playa, agradecí no estar cuidando piel fina. La posición de manejo también sorprende: el volante, el asiento y la pantalla de 12 pulgadas caen donde deben, sin esa sensación de sentarse sobre la camioneta en vez de dentro de ella. Lo que decepciona son algunos plásticos bajos de la consola: no fallan ni crujen, pero en una unidad de más de $56,000 ya no deberían recordarte que estás pagando por paquetes, no por materiales.

El 2.7 EcoBoost es el punto fuerte. Es un V6 biturbo que genera torque sin necesitar un bloque enorme. En la práctica, sale desde bajas rpm con una respuesta llena, casi elástica. En ciudad no hay que hundir el acelerador; basta rozarlo para abrir huecos en tráfico. En la autopista, al pasar de 60 a 75 mph, la caja baja una marcha y el empuje llega sin pausa.

La automática de 10 velocidades puede sentirse ocupada cuando uno maneja con acelerador irregular, especialmente entre 35 y 45 mph, pero cuando se estabiliza encuentra la marcha correcta y deja al motor trabajar tranquilo. Ford eligió esta transmisión para combinar remolque, consumo y respuesta. Preferiría una manual en casi cualquier cosa con cuatro ruedas; aquí no tendría sentido. Esta caja hace el trabajo pesado mejor que mi nostalgia.

El paquete FX4 agrega amortiguadores con calibración off-road y modos de manejo, pero lo más útil en la vida real es el diferencial trasero bloqueable. Al activarlo, ambas ruedas traseras giran juntas para mejorar tracción en arena o rampas resbalosas. En un tramo suelto camino a casa, la Ranger avanzó con menos drama del esperado. No es una máquina extrema; es una pickup que permite salir del pavimento sin convertir cada bache en un evento.

La dirección es precisa para estacionar y suficientemente rápida en curvas amplias, pero filtra demasiado. Sobre el puente del Skyway, con viento lateral, la carrocería se mantiene, aunque el volante no cuenta mucho de lo que pasa bajo las llantas. La suspensión trasera todavía recuerda que hay eje sólido y capacidad de carga. Vacía, rebota sobre juntas cortas. Con peso en la caja, se asienta mejor.

La pantalla SYNC 4A de 12 pulgadas responde bien bajo sol directo de Florida. La cámara 360 es más que un lujo: en estacionamientos de Sarasota salva defensas y orgullo. El control crucero adaptativo mantiene distancia con naturalidad. El sistema de mantenimiento de carril corrige sin manotazos, aunque en líneas gastadas de la US-41 pierde confianza antes que un conductor atento.

El estimado anual de combustible es $2,500, y la etiqueta advierte $4,000 extra en cinco años frente al promedio de vehículo nuevo. Creíble si se maneja con calma, pero el 2.7 invita a usar el torque y ahí el consumo cae.

La Ford Lariat muestra hacia dónde va la pickup mediana: menos herramienta bruta, más vehículo diario con capacidad auténtica. Muy ligera, con buena capacidad, así que es una buena opción por un precio razonable.

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