La ‘estética silenciosa’

Por: María Muñoz Rivera


Una búsqueda intensa y a veces desmedida de juventud; rostros tersos hasta la inmovilidad, labios hipertrofiados y pómulos angulosos marcaron una etapa en la que lo artificial era, paradójicamente, sinónimo de belleza en medicina estética. Un paradigma que se revierte al completo en la naturalidad, en la que la actualidad es el gran objetivo.

Durante años, la medicina estética se centró en transformar: rostros inmóviles, labios sobredimensionados y pómulos exagerados marcaron una época donde lo artificial era sinónimo de belleza. Hoy, ese paradigma ha cambiado. La naturalidad y la individualidad son los nuevos estándares.

Actrices como Anne Hathaway o Lindsay Lohan lo reflejan: rostros armoniosos, sin exageraciones, que no evidencian intervenciones. “La medicina estética ha dejado de ser reactiva para convertirse en preventiva, personalizada y sin huella”, explican desde la Clínica Mira+Cueto, pioneras en este enfoque.

Actrices como Anne Hathaway sorprenden en medios de comunicación y redes sociales: cutis tersos y brillantes, facciones marcadas, rostros armoniosos y ni rastro de volúmenes exagerados o rasgos que evidencien la presencia de medicina estética. EFE/EPA/JUSTIN LANE

Lo que antes se entendía como rejuvenecimiento –corregir arrugas profundas o flacidez evidente– ahora es una estrategia integral y progresiva. “Las pacientes ya no esperan a ver signos visibles; quieren cuidar su piel desde antes”, señalan.

Este giro responde no solo a nuevas demandas sociales, sino a una evolución en el concepto de autocuidado: menos enfocado en la corrección estética y más vinculado al bienestar y la autoestima.

El auge de la estética silenciosa
La llamada ‘estética silenciosa’ promueve resultados sutiles y naturales. “Nos piden verse con buena cara, no cambiarse. Quieren seguir siendo ellos mismos, pero con un aspecto descansado y saludable”, explican.

Este enfoque no implica rechazar la medicina estética, sino usarla con criterio. En lugar de tratar zonas aisladas, se analiza el rostro como un conjunto. “Un diagnóstico 100 % personalizado es esencial. Sin él, es imposible lograr resultados naturales”, insisten.

La tendencia ha impulsado tratamientos preventivos en pacientes desde los 30 años. “Antes se pensaba que esto era solo para personas mayores. Hoy ayudamos a frenar el envejecimiento sin perder naturalidad”.

Rejuvenecer sin borrar
Los tratamientos más solicitados dentro de este enfoque incluyen neuromoduladores para arrugas dinámicas, ácido hialurónico para dar soporte y firmeza, y procedimientos como luz pulsada o peelings químicos para mejorar la calidad de la piel.

“La clave está en lograr armonía e integración. El rostro no debe parecer retocado, sino en equilibrio”, afirman las doctoras. Y advierten contra el “efecto parche”: tratar zonas de forma aislada rompe esa armonía.

Adiós a las caras en serie
“Uno de los mayores errores es tratar las caras en serie”, denuncian. Fenómenos como la ‘alienización’ –con rasgos sobredimensionados en jóvenes– o el ‘pillow face’ en mayores son consecuencia de seguir modas sin considerar la anatomía individual.

“Cada cara debe ser única. Si el resultado parece artificial, es que no se ha tratado con rigor médico”, resumen. Esto permite distinguir una buena medicina estética de una intervención estandarizada.

Redes sociales y falsa naturalidad
Las redes sociales han potenciado esta ambigüedad: muchas celebridades promueven una imagen natural, pero niegan los tratamientos estéticos que usan. “Cuando niegan lo evidente, envían un mensaje confuso”, advierten. Esto puede generar frustración y expectativas irreales, especialmente entre los más jóvenes.

En consulta, muchas personas llegan pidiendo “los labios de Angelina Jolie” o “los ojos de Jessica Goicoechea”. Pero las profesionales de Mira+Cueto son claras: “El tratamiento debe basarse en un análisis médico, no en comparaciones. Se trata de potenciar lo propio”.

Un diagnóstico único para cada persona
Todo comienza con un estudio detallado del rostro en reposo y en movimiento. Este diagnóstico permite anticiparse al envejecimiento y personalizar el tratamiento.

A veces, eso significa decir no. “Si algo no favorece al paciente, lo explicamos con argumentos médicos y no lo hacemos”, afirman. La ética, insisten, es parte del ejercicio profesional. “Si alguien dice ‘te has hecho algo’ en lugar de ‘qué buena cara tienes’, es que algo ha fallado”.

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