Por María Muñoz Rivera
La historia de la moda se repite en el calzado: la elegancia victoriana, la memoria pop de los sesenta, la nostalgia de los años 2000 y la comodidad pospandemia se cruzan hoy en botines, botas ecuestres, de estilo “moto”, calcetín y térmicas. La bota que no supera la rodilla vuelve con fuerza para quedarse.
La moda es cíclica, y la historia de la bota baja —aquella que se mantiene cómodamente por debajo de la rodilla— está de regreso con una fuerza innegable. La silueta actual es una fascinante mezcla de la elegancia victoriana, la memoria pop de los sesenta, la nostalgia de los años 2000 y, sobre todo, la comodidad pospandemia. El resultado es una gama de estilos que incluye botines Chelsea, botas ecuestres, modelos “moto” y las ajustadas botas calcetín. Dada su utilidad y su sólido linaje histórico, la bota baja vuelve para consolidarse como un pilar esencial del calzado.
La reactivación de esta tendencia se puede apreciar claramente en las campañas de moda, las editoriales especializadas y el street style global. Las señales son claras: vemos el retorno de las botas arrugadas con reminiscencias del cambio de milenio, la consolidación definitiva de los modelos ecuestres elegantes, y el fuerte empuje de las sock boots. Las principales firmas de moda han puesto el foco en siluetas que terminan en la media pierna o el tobillo.
Historia y Resiliencia de la Silueta
La bota corta no es una moda pasajera; tiene una genealogía precisa. En el siglo XIX, la invención del caucho vulcanizado permitió crear un botín sin cordones con paneles elásticos: la hoy omnipresente bota Chelsea. Esta solución técnica, que ofrecía facilidad al calzar y una sujeción firme al tobillo, se convirtió en un estándar.
Posteriormente, en los años sesenta, este estilo fue adoptado como un emblema de la cultura juvenil en el Reino Unido. Antes y después, la bota a media pierna se utilizó tanto en ambientes ecuestres como urbanos, evolucionando desde los modelos victorianos de cordones hasta las versiones lisas y minimalistas del siglo XX. Esta base histórica explica la resiliencia del formato “corto” en los ciclos de tendencia. El diseño, aunque se vuelve más sofisticado o minimalista, siempre vuelve a la moda jugando con la altura de la caña.
Diversidad de Estilos
Las pasarelas han sido explícitas al dictar la continuidad de esta silueta. Se han visto modelos de caña flexible con tacón mínimo y puntera cuadrada, que logran una síntesis entre un recuerdo bohemio y un gesto totalmente contemporáneo. Otras colecciones mantienen un repertorio constante de botines y botas cortas, lo que confirma su importancia.
El consenso editorial en publicaciones de moda señala que para la temporada de 2025 habrá varias familias de botas en rotación. Los colores burdeos y cereza se posicionan como los “nuevos neutros”. En cuanto a estilos, destacan:
Botas Moto (Biker): Tras asomar con fuerza, se consolidan en ediciones de estética moto boho con hebillas, suelas gruesas y caña media o baja. Confirman su continuidad buscando un equilibrio entre la robustez y la estilización, generalmente en pieles negras o marrones.
Botas Ecuestres: Capitalizan el regreso de un imaginario campestre refinado. Se colocan a media pierna o por debajo de ella, en cuero pulido o ante, siendo perfectas como contrapunto a la sastrería ligera.
Botas Calcetín (Sock Boots): Ceñidas a la pierna, con puntera afilada o cuadrada y tacón moderado, enlazan con la silueta alargada preferida en esta década.
Moda, Funcionalidad y Coherencia Estilística
La escena de la moda actual privilegia las combinaciones de contraste: botas arrugadas con faldas largas fluidas; modelos biker con vaqueros relajados o minifaldas y medias tupidas; y botas calcetín bajo vestidos de punto o abrigos tipo batín. La paleta cromática de la temporada suaviza el negro con tonos intensos como los rojos oscuros, marrones castaña y blancos puros.
El clima de moda combina la nostalgia con una necesidad de funcionalidad. Por un lado, la resurrección de la estética de los años 2000 devuelve el protagonismo a los ante blandos y a las suelas con volumen. Por otro lado, la normalización del calzado cómodo impulsa los modelos de tacón bajo y caña corta, que son más aptos para los ritmos urbanos y la meteorología cambiante que los estilos más altos e imprácticos.
Más que una moda pasajera, la bota baja vive una reinstalación por acumulación de factores. Corresponde al gusto general por la silueta relajada, facilita la transición entre la vida laboral y la cotidiana y se apoya en un legado que se puede reinterpretar sin forzar los códigos. Su pluralidad de diseños permite moverse entre diferentes registros sin perder coherencia estilística. La bota baja es la alternativa práctica que consolida la comodidad sin sacrificar la moda, y en esa intersección entre historia y presente se entiende la fuerza de su retorno.
El Factor de las Celebridades y la Influencia Digital
La consolidación de esta tendencia no sería tan rápida sin la caja de resonancia de las redes sociales y las celebridades. Las principales figuras de la farándula y la moda han adoptado la bota baja en sus looks diarios, enlazando directamente la pasarela, las campañas publicitarias y la calle. Esta exposición constante, impulsada por las imágenes compartidas en plataformas digitales, ha normalizado la silueta para el consumidor masivo. La capacidad de las celebridades para mostrar la bota corta en contextos tan variados—desde un atuendo relajado con jeans hasta un conjunto de noche—refuerza el mensaje de que esta pieza es, ante todo, versátil y adaptable.