La energía inagotable es una marca de la infancia, un signo de un niño sano y en desarrollo. Pero a veces, este torbellino de actividad parece exceder los límites de lo que es típico. Cuando la energía interfiere con la vida diaria, el aprendizaje y las relaciones, los padres se preguntan si es algo más, y esta inquietud es el primer paso para entender y apoyar a su hijo.
Un niño con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) no solo es muy activo, sino que su hiperactividad es persistente, excesiva y tiene un impacto negativo en su vida diaria, tanto en casa como en la escuela. A diferencia de un niño enérgico que puede calmarse cuando se le pide, un niño hiperactivo tiene una necesidad compulsiva de moverse, y esto puede manifestarse en una serie de comportamientos específicos.
Señales Clave a Observar
La clave para identificar la hiperactividad no está solo en la cantidad de movimiento, sino en la calidad y el contexto de ese movimiento. Preste atención a si su hijo:
• No puede quedarse quieto: Se mueve constantemente en su asiento, se levanta cuando no debe, y parece incapaz de estar tranquilo incluso en situaciones que lo requieren, como en clase o durante una comida.
• Habla sin parar: Interrumpe a menudo a los demás, responde antes de que se le termine de hacer la pregunta y tiene dificultad para esperar su turno en una conversación.
• Le cuesta concentrarse: Puede tener problemas para seguir instrucciones, completar tareas (incluso aquellas que le gustan) y se distrae con facilidad ante cualquier estímulo.
• Tiene dificultad para controlar los impulsos:
Actúa sin pensar en las consecuencias. Puede ser propenso a accidentes o a tomar riesgos sin evaluar el peligro.
• Tiene problemas de organización: Olvida las tareas escolares, pierde sus objetos personales y le cuesta planificar actividades sencillas.
• Parece no escuchar: A menudo no atiende cuando se le habla directamente, no por rebeldía, sino porque su mente está constantemente en movimiento, saltando de una idea a otra.
Es importante recalcar que la presencia de uno o dos de estos comportamientos de forma aislada no necesariamente indica TDAH.
La clave está en la persistencia y la intensidad de estos síntomas, y en cómo afectan la capacidad del niño para funcionar adecuadamente en diferentes entornos.
¿Cuándo Buscar Ayuda Profesional?
Si bien estas señales pueden ser alarmantes, es crucial no autodiagnosticar a su hijo. Un diagnóstico formal debe ser realizado por un profesional de la salud mental, como un psicólogo o un psiquiatra, después de una evaluación exhaustiva. No se trata de un simple juicio; es un proceso clínico que requiere tiempo y observación.
Una evaluación profesional implica una serie de pasos:
• Observación: El especialista evaluará los comportamientos del niño en diferentes entornos, como la escuela y el hogar. Esto proporciona una visión completa de cómo se manifiestan los síntomas.
• Entrevistas: Se le preguntará a usted, a los maestros y a cualquier otro cuidador del niño sobre su comportamiento, historial de desarrollo y las dificultades que han notado. La perspectiva de múltiples fuentes es vital para un diagnóstico preciso.
• Uso de escalas de calificación: Se pueden utilizar cuestionarios estandarizados para evaluar la frecuencia y gravedad de los síntomas de TDAH.
• Exclusión de otras causas: El profesional se asegurará de que los síntomas no se deban a otras causas, como la ansiedad, problemas de audición o visión, dificultades de aprendizaje o trauma. Es un paso crucial para garantizar que el diagnóstico y el tratamiento sean los correctos.