Por Luis Eduardo Barón
La historia detrás de este coupé deportivo tiene raíces profundas, y para 2026 regresa con un estilo que logra capturar ese espíritu rebelde que tantos entusiastas valoran. Pero más allá de su imagen llamativa y su linaje icónico, lo que realmente importa es cómo se comporta en el día a día, si logra conectar con el conductor, y si está a la altura de lo que promete sobre el papel.
Debajo del capó, este modelo Nissan Z, viene equipado con un motor V6 biturbo de 3.0 litros que genera 400 caballos de fuerza y 350 lb-pie de torque. Esta cifra no solo suena bien, sino que se traduce en una respuesta contundente desde bajas revoluciones. La entrega de potencia es fluida y constante, con un turbo lag mínimo, lo cual lo hace especialmente divertido al acelerar en rampas como las de la I-75 cerca de Sarasota, donde se agradece esa combinación de fuerza y agilidad.
Uno de los puntos más atractivos es que aún se puede optar por una transmisión manual de seis velocidades, algo cada vez más raro en estos tiempos. También está disponible una automática de nueve marchas para quienes buscan una experiencia más relajada o simplemente no quieren preocuparse por el embrague en el tráfico de la hora pico. En ambos casos, el ajuste de la suspensión y la dirección están pensados para ofrecer una conducción deportiva pero controlada, sin llegar a sentirse áspera. Aunque no es un auto de pista por definición, tiene ese carácter juguetón que hace que cada curva sea una invitación a seguir manejando.
El consumo de combustible, como era de esperarse en un vehículo de esta categoría, no es el punto más destacado, pero tampoco decepciona. En condiciones mixtas de ciudad y autopista, se estima un consumo promedio de alrededor de 20 millas por galón, con variaciones que dependen mucho del estilo de manejo. En tramos largos y constantes, como un viaje desde Tampa hasta Fort Myers, se pueden lograr cifras ligeramente superiores gracias a su buena aerodinámica y a la gestión eficiente del motor.

Por dentro, la experiencia es una mezcla entre nostalgia y modernidad. El diseño del tablero mantiene ciertos guiños al pasado, pero está acompañado de una pantalla digital completamente configurable, junto con un sistema de infoentretenimiento compatible con Apple CarPlay y Android Auto. La calidad de los materiales ha mejorado respecto a ediciones anteriores, con plásticos más sólidos y detalles en aluminio que elevan la percepción general del habitáculo.
En términos de confort, sorprende positivamente. A pesar de ser un deportivo de dos puertas, los asientos ofrecen un buen soporte lateral y resultan cómodos incluso en trayectos largos. No es el típico auto en el que uno termina con dolor de espalda luego de una hora al volante. La insonorización también está bien resuelta, permitiendo disfrutar del sonido del motor sin que sea molesto o intrusivo.
La seguridad es otro punto que ha recibido atención. Se incluyen varias asistencias al conductor, como frenado automático de emergencia, monitoreo de punto ciego, alerta de tráfico cruzado trasero y control crucero adaptativo. Todo esto contribuye a una experiencia más tranquila, especialmente en los congestionamientos de la US-41 en horas punta en esta temporada de comienzo de año o al circular por zonas urbanas con tránsito impredecible.
Respecto a las actualizaciones, esta versión 2026 mantiene la base del rediseño reciente pero incorpora mejoras puntuales en la suspensión y la calibración de la dirección, lo que se traduce en un comportamiento más preciso. También se han hecho pequeños ajustes en el sistema multimedia, que ahora responde más rápido y tiene una interfaz más intuitiva. A nivel estético, se añaden nuevos colores exteriores y detalles específicos en versiones especiales, como el acabado NISMO, que también cuenta con un ajuste más agresivo en suspensión, frenos mejorados y un kit aerodinámico más pronunciado.
En cuanto al precio, la versión base arranca en un rango cercano a los $44,000, mientras que las variantes más equipadas pueden acercarse a los $66,000, especialmente si se opta por la edición NISMO. Es una inversión considerable, pero va de la mano con las prestaciones que ofrece. Para quienes buscan una experiencia de manejo más emocional que racional, esta propuesta tiene mucho que ofrecer.
Con su equilibrio entre rendimiento, diseño y tecnología, esta edición del Z reafirma su lugar como un coupé que no solo mira hacia el futuro, sino que lo hace con el orgullo de su historia. Ideal para quienes aún creen que manejar puede ser más que un simple medio para llegar a destino.