Por María Jesús Ribas
Rodear con los brazos a una persona es una de las formas más auténticas de comunicación no verbal y expresión emocional. Además de su sencillez, la terapia del abrazo se revela como un bálsamo para el cuerpo y el alma que ayuda a mejorar y sanar nuestras relaciones. Un abrazo es un gesto en el que se compromete desde la mirada hasta el latir del corazón, siendo útil cuando sobran las palabras o no encontramos las adecuadas.
El Impacto Holístico del abrazo
Quienes estudian este sistema terapéutico defienden que, a través del intercambio de afecto físico, se logra brindar seguridad, reforzar la autoestima, aliviar la soledad y fusionar cuerpo, mente y emociones. Se enfatiza que el abrazo es una expresión pura del corazón que trasciende los idiomas, comunicando con alta eficacia las emociones que el cuerpo experimenta.
Es importante que, para ser sanador y comunicativo, tanto para quien lo da como para quien lo recibe, en el abrazo se implique el ser desde su totalidad, conectando con la dimensión holística donde cuerpo, mente y emociones están alineados.
El acto de abrazar no es una cuestión de aptitud, sino de actitud frente a la vida. Su poder reside en la regularidad y en el impacto químico que tiene en el cerebro, generando una sensación de bienestar duradera.
Estímulo Agradable y Natural
Los estudios en la materia indican que el acto de abrazar induce una variada respuesta química en nuestro cerebro, liberando lo que se podría llamar “antibióticos naturales”:
Oxitocina: Conocida como la hormona del apego y el afecto.
Endorfinas: Favorecen la sensación de bienestar y felicidad.
Otras Hormonas:
Se liberan sustancias relacionadas con la reducción del estrés y la regeneración celular. Gracias a esta liberación hormonal, los abrazos proporcionan beneficios de forma integral al ser humano, mejorando la gestión de las emociones y experimentando desbloqueos físicos. Este acto afectivo fortalece la autoestima, promueve una mayor aceptación de uno mismo y del prójimo, y desarrolla la empatía y la asertividad.
Como lenguaje sanador, permite vivenciar el “aquí y ahora” y actúa como rescatador contra la soledad y el aislamiento. En situaciones de intensa carga emocional, un abrazo dice más que mil palabras.
Consejos para Abrazarnos Mejor
Sobre cómo dar un abrazo de forma natural y desinhibida, los especialistas indican que es un proceso gradual que comienza en nuestro interior, al percibirnos como seres merecedores de respeto y dispuestos al intercambio de afecto.
Para abrazar mejor, se recomienda prestar atención al diálogo interior y a la preparación física:
Sustitución de Lenguaje: Sustituir internamente las frases de obligación (debo, tengo que) por aquellas de elección activa (quiero, decido, elijo), invitándose a vivir una experiencia gratificante.
Relajación Consciente: Es conveniente aflojar el cuerpo de forma consciente, llevando la atención a cada una de sus partes, especialmente cuello, espalda y brazos, acompañada de respiraciones profundas y lentas.
Conexión y Respeto: En compañía, el respeto y el consentimiento mutuo son imprescindibles. Un buen comienzo es el contacto visual, para pasar del reconocimiento del otro a intentar ponerse emocionalmente en su lugar.