Por Ricardo Segura
Así como el cuerpo humano requiere mantener la fortaleza de sus defensas orgánicas para protegerse de infecciones y enfermedades, a nivel mental es fundamental fortalecer la inmunidad psicológica. Esta actúa como un sistema de protección interno, dotándonos de las herramientas y estrategias mentales necesarias para afrontar y responder a las agresiones y maltratos a los que estamos expuestos constantemente en la vida cotidiana. Todos estamos expuestos a agresiones, la mayoría verbales y algunas físicas, pero la forma en que respondemos varía drásticamente: algunas personas reaccionan y se rebelan, mientras que otras permanecen pasivas y permiten ser avasalladas.
La Inmunidad Psicológica
El psiquiatra Christophe Massin, quien ejerce la psicoterapia y se ha interesado en los riesgos psicosociales, ha investigado de dónde provienen las diferencias tan marcadas en nuestras respuestas ante las agresiones. Massin ha analizado el paralelismo entre la inmunidad fisiológica (defensas del cuerpo) y la inmunidad psicológica (las herramientas mentales para defendernos de los maltratos diarios). Él señala que la deficiencia en la capacidad de protegerse de forma sana puede tener consecuencias graves, ya que el sufrimiento causado por el abuso puede fomentar trastornos físicos y mentales, depresión o una espiral de violencia. La indefensión ante los ataques causa daño a largo plazo si no se opone resistencia, y a corto plazo porque el afectado se autoculpa por su falta de respuesta.
En su libro Saber defenderse, Massin señala que “tomar conciencia de nuestros mecanismos de defensa y de nuestro propio funcionamiento psicológico es un requisito fundamental para realizar un verdadero trabajo de fortalecimiento de la inmunidad psicológica, que nos permitirá poner fin a la impotencia y la culpa y reconciliarnos con nosotros mismos”. Él puntualiza que desarrollar esta inmunidad es esencial para todo adulto que aspire al respeto y la paz, ya que estamos expuestos constantemente a la manipulación malintencionada y presiones. Massin considera la inmunidad psicológica como una autoridad tutelar protectora que vela por nuestra seguridad.
Claves para Fortalecer la Defensa Mental
Massin ofrece cinco claves prácticas para fortalecer nuestras defensas mentales:
Uno. Reconocer que hay una ofensa
La persona con una inmunidad psicológica menguada (a la que Massin llama ‘Corderito’) presenta una forma de ceguera ante la agresión. Esta persona “no parece darse cuenta de que alguien le habla mal y le falta el respeto” y trivializa el maltrato, diciendo que no es grave o que está acostumbrada. Para defenderse, el paso previo y fundamental consiste en identificar la realidad de una agresión y reconocer que hay una ofensa, algo que no es fácil cuando ciertos comportamientos se han normalizado.
Dos. Salir del automatismo y la pasividad
El ‘Corderito’, por ejemplo, en el trabajo, “se deja sobrecargar, tolera las órdenes contradictorias, la falta de consideración y de reconocimiento”. Para cambiar esta actitud, esa persona necesita centrarse en los hechos y preguntarse: “Cuando esto pasa, ¿de verdad me conviene?”. La trampa psicológica habitual es decidir no profundizar, creyendo que puede manejarlo. Para escapar de esta trampa, la persona debe abandonar su actitud pasiva, tratando de empezar a sentir la situación y advertir cuáles son sus propios límites.
Tres. Aplazar la respuesta a la exigencia
El ‘Corderito’ suele tener miedo a decir que no y su búsqueda de reconocimiento difumina sus límites. Su mecanismo mental le hace dar respuestas automáticas sin reflexionar. Massin recomienda posponer la respuesta, aunque sea por unos instantes, para desactivar el automatismo y asentar la idea interior: “Quiero tenerme en cuenta, nada se decidirá sin que yo me lo consulte a mí mismo”. Lo más conveniente es “cerrar bien la boca para no dejar escapar ningún argumento en su defensa, entrenarse en la sobriedad y sólo dar explicaciones si se las piden, y con cuentagotas”.
Cuatro. Restaurar la inmunidad psicológica
La hipótesis de Massin es que volvemos a ponernos en situaciones que recuerdan traumas de la infancia, lo que agrava la autodevaluación y el abandono de uno mismo. Para que se produzca un cambio, la persona debe haber llegado al límite de la resignación y aspirar a levantarse. Es necesario que pueda ensayar un posicionamiento propio, un desacuerdo o una “ira saludable”, primero en condiciones seguras y con personas bondadosas, para recuperar la confianza en sí misma.
Cinco. Recordar que los juicios son opiniones y no verdades
La forma más habitual de agresión verbal son los juicios que recibimos, los cuales —es crucial recalcar— “no son verdades, sino opiniones que alguien emite”. Debes evitar detenerte en el contenido del juicio, pues al prestarle atención permites que te afecte. Al hacerte consciente de que esa opinión ajena es agresiva y busca hacerte daño, debes rechazarla. Para Massin, es preferible limitarte a identificarlo: “vaya, otro juicio negativo en mi contra”, sin hacer caso de lo que dice. Al quitarle la atención, se desactiva su potencial de daño.