Por Nora Cifuentes
El “desinfluencing” es un poderoso contrapunto al consumismo digital: bajo la premisa “no lo necesitas”, motiva a los usuarios a practicar el consumo consciente, diferenciando entre la necesidad real y la compra impulsada por la emoción o la publicidad.
Bajo el eslogan “no lo necesitas”, cada vez son más los usuarios de redes sociales que, en lugar de caer en el marketing de “influencers”, hacen exactamente lo contrario: desaconsejar el consumismo. Hacer scroll en las redes sociales implica navegar sorteando una gran cantidad de publicidad, a veces encubierta, y recibir estímulos constantes que invitan a la compra.
En medio de este consumismo digital, ha surgido una tendencia que se extiende como un contrapunto a las recomendaciones de productos: el “desinfluencing” (o deinfluencing). En contraposición al marketing tradicional de recomendación, estos usuarios buscan motivar a sus seguidores a reflexionar antes de comprar, haciéndoles ver que la mayoría de los productos no son imprescindibles.
Una Tendencia en Alza
Aunque este movimiento nació tímidamente hace un par de años, ha sido en el último año cuando realmente se ha consolidado. El hashtag de esta tendencia ha acumulado más de mil millones de visitas en plataformas populares y sigue creciendo, con la frase “no lo necesitas” representando su popularización.
Este movimiento tiene sus raíces en la experiencia personal de usuarios que, a pesar de seguir las recomendaciones virales, terminaron decepcionados con los productos adquiridos. Por ejemplo, una usuaria relató que compró unos rizadores sin calor promocionados en redes, solo para descubrir que no cumplían sus expectativas, pues interrumpían su sueño y rizaban su cabello demasiado.
Aquel momento de decepción fue un punto de inflexión, llevándola a convertirse en una “desinfluencer”. En sus vídeos, plantea a la audiencia preguntas clave: “¿querías ese producto antes de que te lo ofrecieran?”. La respuesta de muchos usuarios, que admiten haber comprado mucho por impulso digital, revela una necesidad de repensar el consumo.
Del Escape Emocional a la Culpa
Un informe sobre los factores emocionales y psicológicos de las compras compulsivas indica que el consumismo digital tiene un claro componente emocional. Sentimientos como la soledad, la tristeza, la nostalgia o la frustración pueden ser factores determinantes.
Muchos usuarios encuentran en la compra “una vía de escape temporal” a sus emociones negativas. Sin embargo, este escape suele ir seguido de un profundo arrepentimiento, aumentando el descontento y, en ocasiones, generando culpa por gastar dinero que no se tenía.
Esta explicación concuerda con las experiencias de usuarios que se autodescriben como “exadictos a las compras”. Algunos han acumulado deudas significativas por seguir comprando semanalmente, llegando a un punto crítico al adquirir artículos costosos a pesar de no poder pagarlos. Estos casos, aunque extremos, ilustran la fuerza de la compulsión digital.
Un Nicho de Conciencia en el Consumismo
El auge de este movimiento de resistencia ha generado el antónimo de las etiquetas de compra viral, como la que proclama “#tiktokmademenotbuyit”. Esta tendencia podría haber repercutido en sectores como la belleza, el lifestyle y, especialmente, la moda rápida (fast fashion). Aunque la correlación no implica causalidad, algunas grandes compañías del sector han visto disminuir sus ingresos en años recientes.
A pesar de que los hashtags que promueven la compra compulsiva siguen acumulando miles de millones de visitas, mucho más que las etiquetas del “no lo necesitas”, el desinfluencing representa un nicho de conciencia en una era de microtendencias constantes. El movimiento busca fomentar una cultura de la reflexión y la responsabilidad, desafiando el impulso constante al consumo que domina el panorama digital.
Un Llamado a la Frugalidad y la Conciencia
La filosofía del “desinfluencing” va más allá de la mera crítica a un producto fallido; es un llamado a la frugalidad y a la conciencia. Muchos de los usuarios que promueven este movimiento enfatizan que la clave no está en dejar de comprar por completo, sino en practicar el consumo consciente. Esto implica una pausa antes de hacer clic: ¿Este artículo me va a aportar un valor real o estoy cediendo a una emoción pasajera o a una estrategia de marketing? Al desafiar la narrativa de que cada microtendencia requiere una compra inmediata, el “desinfluencing” aboga por la durabilidad y la inversión en productos que realmente cubran una necesidad, en contraposición al modelo desechable del fast fashion y los artículos de usar y tirar.
El Impacto en la Salud Financiera
El movimiento de “desinfluencing” también tiene una repercusión directa en la salud financiera de los usuarios. Al exponer cómo la validación social y los estímulos emocionales impulsan gastos innecesarios, los creadores de contenido ayudan a sus seguidores a proteger sus carteras. Para la generación joven, que a menudo se enfrenta a altos costos de vida y deudas, la crítica al gasto superfluo se convierte en un acto de empoderamiento económico. El mensaje es claro: desengancharse de la presión de mantener una imagen perfecta en redes sociales es el primer paso para evitar el ciclo de la deuda y la culpa asociado al consumo compulsivo.
La Evolución del Creador de Contenido
La aparición y consolidación del “desinfluencing” marca una evolución interesante en el panorama de los creadores de contenido. Los usuarios están exigiendo autenticidad y honestidad por encima del brillo de las colaboraciones pagadas. El rol del influencer se está diversificando; ya no se trata solo de vender un estilo de vida aspiracional, sino de ofrecer una perspectiva crítica y real. Esta nueva forma de crear contenido, basada en la transparencia y el cuestionamiento, sugiere un futuro en el que la confianza del consumidor se gane no solo a través de la recomendación, sino también a través del discernimiento y el valor de decir “no lo compres”.
Este movimiento tiene una profunda base emocional: las compras compulsivas son a menudo un escape temporal de sentimientos como la soledad o la tristeza. El “desinfluencing” expone este ciclo, ayudando a los usuarios a romper con la deuda y la culpa generadas por el gasto impulsivo.